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Lerroux. El populista liberal

En mi familia, de tradición republicana –es decir, de izquierdas, según dicta la mentalidad española- se solían contar anécdotas poco edificantes de Alejandro Lerroux. Tanto que cuando en Bachillerato, una joven profesora hizo un elogio de don Alejandro, me atreví a levantar la mano y a exponer lo que se me había dicho en casa. La profesora me miró fijamente, se sonrió y comentó con amabilidad que no todo lo que se contaba de aquellos años era siempre cierto. Fue la primera vez que tuve la experiencia directa, vivida, de una comprensión distinta de la historia de la Segunda República.

Acaba de publicarse ahora una espléndida biografía de Lerroux escrita –maravillosamente, dicho sea de paso- por Roberto Villa, bien conocido por haber sido el autor, junto con Manuel Álvarez Tardío, de 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular, el estudio que deshizo para siempre el mito de las elecciones de febrero de 1936. En su biografía, Roberto Villa explica con claridad cómo el gran populista que llegó a dominar el voto popular en Barcelona evolucionó, sin perder atractivo para las masas, hasta un republicanismo liberal, de corte institucional, una de las pocas posibilidades que tuvo la Segunda República de consolidarse como un auténtico régimen, en vez de derivar en la parodia de una revolución a la francesa.

Una de las claves del asunto es el radical anti nacionalismo de Lerroux. Le enfrentó a la oligarquía catalana embarcada en la construcción de su nación particular (Lerroux no olvidó nunca la experiencia de la Primera República, aunque no la viviera) y al izquierdismo diletante y nihilista de Azaña. Es justamente el patriotismo español de Lerroux el que le evita una posible evolución hacia alguna clase de nacionalismo. También, el que subyace en su posición de defensa de una república liberal, no una república para los republicanos (de izquierdas) como la imaginaban sus adversarios, los mismos que dieron pábulo a una leyenda que aún no se ha despejado.

Una forma de describir el lerrouxismo es hablar de un populismo democrático, de buena ley, confiado en la capacidad del electorado para tomar sus propias decisiones, encuadrado en instituciones nacionales. A pesar de ser irrepetible, y de las leyendas forjadas por quienes vieron en el lerrouxismo una amenaza para su proyecto –desde la izquierda a los nacionalistas-, es esta una tradición política interesante de recordar.

La Razón, 17-05-19

Foto: Retrato de Alejandro Lerroux.

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JOSÉ MARÍA MARCO

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