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A punto de caramelo

En 1994, Hugo Chávez estaba encarcelado por su primera intentona golpista, pero ya la misma noche en que había intentado el golpe había encontrado un aliado. Era el expresidente Rafael Caldera que abrazó la causa populista y cuando fue reelegido, habiendo abandonado su partido, retiró todos los cargos y abrió las puertas de la cárcel al futuro caudillo venezolano.

El ángel exterminador

Pablo Iglesias llegó para democratizar la democracia -demasiado liberal, sin duda- de nuestro país. Es el programa de los populistas modernos para unos regímenes liberales que consideran enormes máquinas de falsificación de la representación. Desde 2015, año de su gran estreno electoral, el respaldo electoral del partido ha ido menguando: de 5,2 millones de votos (6,4 junto con Izquierda Unida) está ahora,

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