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Ironías migratorias

Es sabido que la inmigración ha sido uno de los detonantes del populismo en toda Europa. Hasta tal punto que según Ivan Krastev, excelente conocedor de la Europa oriental, la inmigración ha abierto una brecha entre estos países, algunos de los integrados en el grupo de Visegrado, y el resto en cuestiones cruciales como es la integración y las relaciones entre Bruselas y los Estados miembros.

Por eso resulta tan interesante tomar nota de lo que señala un reciente articulo del “Wall Street Journal, según el cual Hungría, uno de los Estados más militantemente antiinmigración desde la crisis de 2015, esté aplicando desde el año pasado una nueva política.

Como todos los países occidentales, Hungría padece un déficit de mano de obra, en su caso por la baja natalidad combinada con la emigración. Así que hace un año el primer ministro Viktor Orban y su gobierno decidieron facilitar la contratación y la entrada en Hungría de trabajadores extranjeros, sin excluir, llegado el caso, la posibilidad de adoptar la nacionalidad húngara. Así es como se ha pasado de 25.000 inmigrantes en 2017 a 50.000 en 2018. Muchos de ellos vienen de Ucrania, de India, Vietnam y Mongolia. También son bienvenidos algunos musulmanes con un alto grado de especialización.

Hungría, ejemplo según Orban de la llamada “democracia iliberal”, no está sola. Polonia, otro de los países del grupo más militantemente antiinmigración, concedió en 2017 680.000 permisos de residencia –siempre según el “Wall Street Journal”– un auténtico record anual. El primer ministro sigue hablando de la inmigración como del “gran reemplazo”, pero la oposición progresista ha decidido bajar al ruedo… y ahora le acusa de tener una política inmigratoria demasiado laxa.

Se podrá decir que aquello a lo que siempre se habían opuesto Orban y sus aliados es a la inmigración ilegal, no a la ordenada y pautada. En parte es así, pero también es verdad que la retórica no ofrecía dudas en cuanto al fondo del asunto que, sin embargo, era mucho más difícil de entender de lo que ha parecido a veces. De hecho, las políticas de ayuda a la natalidad, que siguen en vigor, no han impedido estas otras políticas de inmigración. El caso es que si estos datos se confirman, habrá que revisar muchas cosas. La cuestión de la inmigración, como la vida, da muchas vueltas.

La Razón, 10-09-19

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JOSÉ MARÍA MARCO

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