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Politólogos y tertulianos

El tertuliano ejerce una profesión de riesgo. No sólo tiene que tener buena información, no siempre fácil de encontrar. También tiene que tener respuesta rápida, ser flexible y capaz de improvisar: nunca se sabe de qué se va a terminar hablando y la noticia puede saltar en cualquier momento, a veces durante la propia tertulia. Es oficio propio de periodistas, aunque no todos los tertulianos lo sean. El politólogo, por su parte, hace del estudio de la política una ciencia, ciencia social, claro está, pero como todas las ciencias, con aspiraciones o dura. Una vertiente particular son los que podemos llamar “datólogos”, que combinan la politología con el estudio de los “big data” y aspiran a suprimir el “flou” y lo intuitivo que son lo propio de la grey tertuliana.

 

Los dos grupos repiten a su manera la vieja distinción entre verdad y opinión, entre filosofía y sofística, o la conminación orteguiana a optar entre ciencia y literatura (entre España y Europa, en definitiva). Ahora bien, politólogos y datólogos se equivocan muchas veces, como han demostrado las erróneas predicciones acerca del fracaso de Trump en las primarias norteamericanas. La ciencia politológica es empírica, de observación de la realidad, más aristotélica que exacta.

Otra distinción está relacionada con la política reciente de nuestro país. En este caso, los politólogos caen del lado de la nueva política, mientras los tertulianos lo hacen del de la otra. Por la afición a la metapolítica de los primeros, como evidenciaron las seis exigencias “sine qua non” de Ciudadanos. Y también por la voluntad de dejar atrás los sesgos ideológicos: sólo cuenta lo comprobable, lo que se puede contabilizar. De ahí el adanismo y la afición a dar lecciones. Tampoco es del todo así, como es bien sabido. En los partidos tradicionales hay grandes profesionales del culto al hecho empíricamente contrastable, y los nuevos saben del gancho de la tertulia. Podemos, que gozó en su momento del prestigio de lo politológico, representa la apoteosis del tertulianismo y su líder es un tertuliano profesional, mientras que Ciudadanos cuenta con eminentes tertulianos en los primeros puestos. También hay excelentes estudiosos de la ciencia política que son grandes tertulianos. Tertulianismo y  politología no son por tanto esferas tan estancas como se pudo suponer un día, cuando se soñó con la “regeneración” de la vieja España y su ya no tan joven democracia.

La Razón, 23-08-16

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JOSÉ MARÍA MARCO

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