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La emancipación del PSOE

El secretario del PSC, Miquel Iceta, declaró el pasado martes que la alternativa a Mariano Rajoy es otra persona del Partido Popular o bien un independiente, aunque no hay que precipitarse porque antes conviene que el Presidente en funciones pase por una sesión de no investidura en el Congreso. Así se mantendrá la estrategia de los tres “No”: No a Rajoy, No a formar gobierno, No a las terceras elecciones. Es una propuesta de una mezquindad fuera de serie, incluso en Cataluña. Aunque dado el silencio del PSOE, no sabemos si esa es la posición del conjunto del partido o si la estrategia de los tres “No” resulta de una incapacidad del actual núcleo dirigente para fijar una posición común que vaya más allá del retraimiento.

 

Los dos grandes partidos nacionales han salido tocados de la crisis. Los dos han perdido la posibilidad de conseguir una mayoría absoluta, pero también para articularla mediante acuerdos coyunturales con los nacionalistas (para los que los acuerdos eran estratégicos). Al PP, Ciudadanos no se lo está poniendo fácil, pero por lo menos ha entendido que en la política española se ha abierto una etapa con dos características nuevas: la fragmentación de la representación y la imposibilidad de seguir pactando con los nacionalistas.

A diferencia del PP, el PSOE no está dispuesto a sacar las conclusiones de la nueva situación. Está, por una parte, el problema con la palabra nación, que lleva a los socialistas a no poder concebirse de una vez por todas como un partido nacional –es decir, constitucional-, sin hipotecas nacionalistas. Y está, por otra, la aparición de Podemos, que en parte es una consecuencia del radicalismo tradicional del PSOE. Es esto lo que lleva a los socialistas a pensar en Podemos como un competidor directo y a concluir que sólo desde un discurso lo más podemita posible se puede plantar cara a los neocomunistas bolivarianos.

El PSOE está enredado en fantasmas que lleva arrastrando de muchos años atrás. Nunca ha querido afrontarlos, lo que le ha llevado a encontrarse bloqueado entre la desestructuración interna y una organización de extrema izquierda populista. El silencio de Pedro Sánchez puede responder tácticamente a la decisión de su Comité Federal. En el fondo, se deduce en el fondo de esta situación imposible, que va a arrastrar a toda la sociedad española al frenazo económico y a una nueva crisis nacional, con la cuestión catalana en otoño y la vasca en el horizonte. Y lo hace justamente cuando el Brexit ha desacreditado las pulsiones nacional-populistas y cuando la economía española está creciendo con un renovado dinamismo, después de haber hecho suyas las reformas puestas en marcha por el PP… y por el PSOE, desde mayo de 2010.

Es una situación suicida, maligna para nuestro país y perjudicial para la Unión Europea, desde donde se va a juzgar a los socialistas de seguir las cosas como hasta ahora. Para emanciparse, los socialistas podrían dejar de mirarse en el espejo de Podemos y de los independentistas, librarse de una vez de la historia, en la que han vivido demasiado tiempo, y pensarse a sí mismos como un partido moderno, español y europeo, capaz de representar a una de las sociedades más innovadoras, más tolerantes y más liberales –generosas y abiertas- de la Unión Europea. El PSOE no puede seguir aspirando a representar las tendencias antiespañolas, anticrecimiento y anticonstitución. A pesar del ruido, son tendencias minoritarias y de crecimiento limitado. Si el PSOE se empeña, además, se puede encontrar con que su auténtico adversario venga del lado de Ciudadanos. Aunque esto supone que en este partido aspiran a ser algo más que un movimiento de elites con vocación de bisagras.

La Razón, 17-08-16

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JOSÉ MARÍA MARCO

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