Annus mirabilis

En el año 2016, el mismo que ahora acaba, se depositaron muchas y variadas esperanzas. Iba a ser el año de la regeneración, ni más ni menos, como cuando la Revolución Francesa se propuso la “Régénération de l’homme” (hoy del “ser humano”). Lo ha sido en parte, en particular en cuanto a la corrupción o, más bien, cierta corrupción, la instalada en los aledaños del poder político. También ha demostrado los excesos de esta actitud, con en el caso Barberá, y, definitivamente, ha quedado claro que la “regeneración”, siendo un ideal tan sublime, no constituye un programa de gobierno.

 

El año 2016 también iba a ser el del Gobierno por el Parlamento, como si el diseño institucional propio de la Constitución del 78 pudiera adaptarse a una nueva forma de representación política en la que ejecutivo y legislativo intercambiarían sus papeles con alegría. Sin embargo, la ausencia de mayorías absolutas ha llevado a otro escenario, en el que un gobierno sostenido por una mayoría simple es capaz de sacar adelante su programa eligiendo a sus interlocutores… y a su oposición. Quienes decían que la vida política española adolece de rigidez y de tosquedad habrán de pensárselo dos veces a partir de ahora.

La gran novedad del año 2016 ha sido otra, sin embargo. Y no afecta sólo a nuestro país, aunque aquí cobre, como es natural, rasgos propios. Se deduce de dos hechos. Por un lado, el bloqueo de la nueva izquierda al haberse enfrascado los podemitas en el más puro narcisismo, ajenos a cualquier cosa que no sea la lucha descarnada por parcelas cada vez más minúsculas de poder. Por otro, el colapso del PSOE, incapaz de encontrar una dirección viable tras las etapas de Rodríguez Zapatero y de Sánchez, con Rubalcaba de eterna transición.

Lo que estos hechos ponen de relieve es el hundimiento de la izquierda, manifestada en prácticamente todos los países desarrollados, y con la que están relacionados muchos de los fenómenos a los que asistimos estos tiempos, en particular el surgimiento del nacional-populismo. (La historia reciente del PSC, en Cataluña, es de libro.) Es todavía temprano para afirmarlo con rotundidad, pero lo que se ha iniciado en este año 2016 parece ser la desaparición de la izquierda. ¿Será verdad que hemos entrado en un mundo en el que ya no habrá izquierda… ni derecha?

La Razón, 30-12-16