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El caso Otegui

Aunque ha habido una cierta complejidad jurídica –o más bien, leguleya- en cuanto al caso, la Audiencia Nacional ha dejado claro que la inhabilitación de Otegui, tal como había sido decidida previamente, le impide también ser candidato a la Presidencia del Gobierno vasco. El enredo y el pluralismo propio de cualquier democracia liberal hacían suponer que habría discrepantes. Otra cosa es que los discrepantes vayan más allá de la opinión jurídica y se empeñen en hacer del dirigente batasuno un héroe de la libertad, en particular de las libertades vascas, frente al designio entre caciquil y totalitario del “Estado español”. Más aún cuando detrás de estos eslóganes se encuentra el blanqueo de la trayectoria de Otegui, como si se quisiera seguir haciendo de la violencia, la exacción y el asesinato instrumentos políticos aceptables y, retrospectivamente, dignos de aplauso.

 

Resulta comprensible que esta voluntad la asuma el nacionalismo. Al fin y al cabo, se trata de blanquear su propia trayectoria y las alianzas que se han tejido desde hace muchas décadas para crear la inexistente nación vasca. De ahí el apoyo de los nacionalistas catalanes, metidos en su espasmódica y perpetua desconexión. Más difícil de explicar, aunque no lo parezca porque estamos acostumbrados a estas situaciones, es que una organización nacional como Podemos, que ha recibido el voto de más de siete millones de electores en toda España, adopte también una postura crítica con el ”Estado” por este asunto. En esto como en todo lo demás, Podemos no supone un cambio en la posición de la izquierda de nuestro país. Representa más bien una profundización en la paradoja básica de la izquierda española, que compagina el internacionalismo con el nacionalismo en base a un elemento permanente: la incapacidad de asimilar la palabra España, y la aversión primera, instintiva, que siente hacia su país como unidad política.

La cosa no parece tener remedio y contribuye a explicar por qué al conjunto de las fuerzas políticas de izquierda, incluido el PSOE, le resulta prácticamente imposible llegar al gobierno central. Las dos últimas elecciones han sido una oportunidad de oro para dejar atrás estas fantasías, pero se han desaprovechado. No estaría de más que en sus negociaciones, los representantes del Partido Popular y de Ciudadanos tuvieran una conversación abierta y sincera acerca de un asunto que determina la vida y la política españolas más que muchas de las reformas que están intentando pactar.

La Razón, 26-08-16

Ilustración: Atentado de ETA en Madrid, Plaza de la Cruz Verde, contra una furgoneta del Ejército, 6 de febrero de 1992.

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JOSÉ MARÍA MARCO

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