Maquiavelo teenager. El linchamiento como instrumento político

El comportamiento de Pablo Iglesias y los diputados de Unidos Podemos durante el minuto de silencio que el Congreso dedicó a Rita Barberá, recién fallecida a unos pocos pasos de allí, muestra todo un concepto de la política misma, más allá de la miserable catadura moral de estos nuevos políticos. Evidentemente, lo que querían era desmarcarse del resto, demostrar que los diputados de Podemos no se avienen a las normas que rigen la conducta del resto. El gesto iba dirigido por tanto a un público –estamos en plena fase de la política como espectáculo- que espera eso de aquellos a los que ha votado: la falta de respeto, la diversión, la gamberrada adolescente (de teenagers bien maduros, claro).

 

Todo eso tiene un precio. Y es que el público al que se dirigen los muchachos de Podemos es muy selecto, y lo será aún más. En otras palabras, que nunca alcanzarán un respaldo suficiente para gobernar por sí solos. Peor aún, a medida que vayan desplegando su concepto de política espectáculo, irán consiguiendo cada vez menos adeptos. En democracia se puede conseguir apoyos para proyectos siniestros, pero el régimen democrático no admite, si no es como excepción, un tal cinismo.

También hay lecciones para los demás partidos. En primer lugar para el PSOE, aliado principal de estos marginales en tantos ayuntamientos y gobiernos autónomos. Es imposible que los socialistas recuperen la menor esperanza de volver al poder si su estrategia sigue pasando por apoyar a Podemos. Habrán conseguido gobernar unos años en algunos sitios y sobre todo evitar que gobierne el PP. También habrán demostrado su poca voluntad para liderar una sociedad civilizada, moderna y abierta. Una sociedad humana, no basada en la confrontación y el enfrentamiento.

En cuanto a los miembros del Partido Popular, ellos mismos saben que no supieron defender a quien no había sido condenada y cuya causa no se había sustanciado. Como LA RAZÓN ha explicado una y otra vez, son las dos únicas razones admisibles para exigir la dimisión de un cargo. Haber cedido al cruel oportunismo de la ejemplaridad y la regeneración, es decir al linchamiento, también tendrá consecuencias. Por otro lado, que nadie fuera capaz de evitar que Rita Barberá se presentara otra vez en su momento, como se tenía que haber hecho, no deja de ser significativo.

La Razón, 25-11-16