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El pasado es populista

El 20 de mayo Pablo Iglesias, otra vez en pleno vuelo épico ante sus seguidores reunidos en la madrileña Puerta del Sol, hizo remontar a José Luis Arrese el origen de la burbuja inmobiliaria que reventó en 2008… Fue por aquello de que Arrese fue ministro de la vivienda entre 1957 y 1960 e impulsó las bases de lo que hoy es una sociedad de propietarios, que a Pablo Iglesias no le gusta.

Ya que Pablo Iglesias nos lleva tan lejos, no está de más recordar que Arrese llegó al Ministerio de la Vivienda tras malograrse su intento de convertir la dictadura en un régimen nacional sindicalista. Aquel fracaso le apartó del Ministerio del Movimiento y durante un tiempo, en las sedes de Falange desaparecieron misteriosamente los retratos de Franco. Algo parecido está sucediendo ahora, por lo visto, en algunas sedes del PSOE, las míticas Casas del Pueblo. Hay retratos de Felipe González que se han desvanecido, por demasiado conservador sin duda, aunque el apelativo sea otro, el mismo que Arrese reivindicaba con orgullo. Subsistirán los de Pablo Iglesias, el bueno, y la bandera republicana.

Todo esto da la medida de la obsesión de nuestra izquierda por el pasado. No hay forma de que salga de ahí y se enfrente de una vez a la realidad presente. En cuanto al PSOE, corrobora la atracción que ejercen los populistas en una parte mayoritaria del socialismo. Los socialistas españoles nunca se han sentido del todo cómodos con la democracia liberal, pero en general, sentían una desconfianza insuperable hacia lo que entonces estaba más a la izquierda, que era el comunismo. Desde Rodríguez Zapatero, esa desconfianza ha dejado paso a una fascinación profunda, como si los populistas de izquierdas, que en parte son el rostro actual del antiguo comunismo,  revelaran una verdad socialista que por fin el PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, está dispuesto a asumir.

La nueva actitud no despeja el motivo de desconfianza tradicional. La propuesta podemita va más allá de una cierta aceleración izquierdista, a la portuguesa. Lo que Pablo Iglesias esbozó ante sus maravillados seguidores de la Puerta del Sol es, una vez más, un cambio de régimen. La Monarquía parlamentaria está agotada, sus instituciones corrompidas y la organización territorial, estragada. ¿Qué viene después? Nadie lo sabe. Vale el vuelo romántico y para el PSOE, seguir ajustando(se) cuentas con la memoria histórica.

La Razón, 30-05-17

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JOSÉ MARÍA MARCO

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