Socialistas y comunistas

En un ensayo reciente, el escritor y analista Robert Kaplan apuntaba que para mantener sus altos ideales de universalismo humanitario, los países europeos requieren de regímenes fuertes, por no decir dictatoriales, en la ribera sur del Mediterráneo. De otro modo, como se está viendo en la crisis de los refugiados, los países de la UE corren el riesgo de sufrir oleadas de inmigración descontrolada que no pueden asimilar. Un apunte como este, realista hasta el cinismo, no está encaminado a acabar con el sistema político de la UE. No se sabe si ocurre lo mismo con la pancarta de bienvenida a los refugiados que el Ayuntamiento de Madrid ha exhibido tanto tiempo en su fachada. Y no porque los refugiados no deban ser bienvenidos en caso de emergencia humanitaria, sino porque en nuestro país no hay refugiados. Así que lo que la pancarta ha venido sugiriendo es que otros responsables políticos, que no son los del municipio de Madrid, no tienen la misma (supuesta) actitud de acogida que estos. A falta de suscitar la llegada, a ser posible masiva, de refugiados, quienes gobiernan en Madrid se esfuerzan por destruir la confianza en el sistema.

 

Es una estrategia bien conocida en la historia del comunismo europeo, de la que fueron víctimas propiciatorias, sobre todo en los primeros tiempos, los partidos socialistas, mal pertrechados ante el chantaje al que le sometían los primeros. También los mencheviques. La respuesta ante esta actitud no puede ser aceptar los términos de la mentira y el proyecto de demolición. Consiste más bien en elaborar un marco distinto de comprensión de los problemas, para neutralizar el intento de apropiarse de la legitimidad moral que ha caracterizado siempre a los comunistas, incluso cuando más bestiales se han mostrado.

Por muy excepcional que el PSOE haya sido, por su radicalismo, entre los partidos socialistas europeos, esta distinción siempre ha estado bien clara… O lo ha estado hasta hace algún tiempo, cuando parece que la única forma de no dejarse sobrepasar por los nuevos comunistas –la extrema izquierda podemita- es partir de sus propios planteamientos. No tendría por qué ser así. Hay otra forma de hacer las cosas, que comporta responsabilidad y sentido del Estado y que no implica la voladura del sistema democrático liberal. Más allá de su propia supervivencia, el PSOE está asumiendo una responsabilidad grande en la deriva antidemocrática y antiliberal de nuestro país.

La Razón, 26-01-16

Ilustración: la Puerta de Alcalá (Madrid) durante la Guerra Civil