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Jerusalén. El caso de la Estación Vieja

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En plena ciudad de Jerusalén, entre la ciudad vieja y el centro, se levanta un edificio humilde, poco vistoso. Es la primera estación de ferrocarril de la capital. Hace tiempo que los trenes dejaron de llegar hasta allí hasta que hace cinco años la estación fue abierta de nuevo como centro comercial. Ofrece, además de tiendas y restaurantes, actividades recreativas y culturales, dirigidas a un público muy general, mayoritariamente familiar.

No todos los restaurantes de la llamada First Station ofrecen comida kosher, algo más habitual en Tel Aviv que en Jerusalén y, además, el centro comercial permanece abierto todos los días de la semana, incluido el Sabbath, de obligado descanso para el judaísmo y ampliamente respetado en Israel, incluso en muchas zonas de las ciudades más secularizadas.

Contra la apertura apelaron los miembros ultraortodoxos de la junta de gobierno del municipio de Jerusalén, que querían revocar el permiso concedido al centro. La junta de gobierno aceptó la denuncia por 15 votos contra diez, lo que parecía determinar la suerte de las instalaciones en días festivos. La decisión última, sin embargo, correspondía a un departamento del Ministerio de Finanzas, que ha puesto el veto a la decisión del municipio y permite la apertura del centro. El alcalde de la ciudad, que no estaba de acuerdo con el cierre, ha acogido positivamente la decisión. Argumenta que Jerusalén es una ciudad abierta a todos y que esta clase de cuestiones deberían quedar fuera del debate político.

Puede ser, pero lo más probable es que el incidente se convierta en uno de los puntos más polémicos de las próximas elecciones municipales. No está del todo claro cuál será la decisión del electorado. Tendrá que elegir entre la fidelidad a las normas religiosas y la adaptación a un mundo con reglas propias, secularizadas y de aplicación forzosa en cualquier lugar del planeta, incluida la ciudad de Jerusalén, el lugar más santo del mundo.

La trivialidad del asunto no debe llamar a engaño. Cuanto más triviales son, más personas se sienten afectadas por el problema que plantea y más hondo cala el debate en la opinión pública. (Hace tiempo hubo otra polémica sobre las hamburguesas servidas por McDonald’s en la Estación de autobuses de Jerusalén.) De fondo, está el problema de la naturaleza del Estado de Israel, tradicionalmente definido como ”Estado judío desde su fundación. El gobierno de Netanyahu, en particular en las negociaciones de hace cuatro años con la Autoridad Palestina, puso el asunto sobre la mesa. Más profundamente aún, se plantea la cuestión de la identidad judía, su relación con la religión y la de la pervivencia del judaísmo fuera de la religión.

(…)

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JOSÉ MARÍA MARCO

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