El Estado judío

Es frecuente escuchar la expresión “Estado judío” para hablar del Estado de Israel. Aparece en las noticias y forma parte del vocabulario político-diplomático desde por lo menos la Resolución 181 de la ONU.

 

No es del todo lo mismo, sin embargo, y la cuestión ha cobrado un nuevo sesgo desde que se supo, a mediados de diciembre, que en las negociaciones entre las autoridades israelíes y las palestinas impulsadas por Estados Unidos, la posición oficial israelí requiere que los palestinos hagan un reconocimiento explícito de la naturaleza de Israel como “Estado judío”.

Como era de esperar, la propuesta ha sido acogida con poca simpatía en la opinión crítica con las posiciones del Estado de Israel. Ve en esta propuesta la demostración de que Israel se ha convertido (si es que alguna vez no lo fue) en una entidad política exclusivista y discriminatoria. Esas opiniones no suelen tener en cuenta la realidad plural y abierta de la sociedad y la comunidad política israelíes, pluralidad y complejidad que el reconocimiento del carácter judío del Estado de Israel por la Autoridad Palestina no va a cambiar.

Los negociadores palestinos la rechazan, al menos por ahora, por razones evidentes. El reconocimiento del “Estado judío” contradice su argumentación tradicional que se basa en la legitimidad específica de los palestinos para la posesión de los territorios en disputa.

Como era de esperar, la polémica ha prendido también en la opinión pública de Israel. Para muchos israelíes, la nueva propuesta de Netanyahu es un paso más en una trayectoria que aleja cada vez a su país de la idea no confesional que del nuevo país tenían sus fundadores. El debate, que atañe al núcleo mismo de la identidad judía y la identidad israelí, ha estado presente siempre dentro y fuera del país.

Ahora bien, la nueva posición ha otorgado a este debate una nueva intensidad. Entre los que se oponen a esta demanda, están Efraim Halevy, antiguo director del Mossad y Yair Lapid, centrista, ministro de hacienda en el actual gabinete. Los dos han declarado que Israel no necesita que los palestinos le reconozcan su carácter judío. Lo mismo piensan muchos ciudadanos israelíes.

Al margen del puro debate de ideas, cabe preguntarse por qué Netanyahu ha puesto encima de la mesa esta propuesta en un momento en el que, según John Kerry, las negociaciones entre israelíes y palestinos iban avanzando hacia una aproximación de las posiciones, en particular en un asunto tan espinoso como el control del valle del Jordán. Resulta significativo que John Kerry haya hecho suya la propuesta, hasta el punto de presionar a los palestinos para aceptarla e incluso integrarla en sus conversaciones con los países árabes, en particular con las autoridades jordanas y las de Arabia Saudita.

Evidentemente, siempre es posible ponerse en lo peor y suponer que Netanyahu aspira tan sólo a hacer imposible cualquier clase de acuerdo. También es posible pensar, sin embargo, que el gesto va más allá. Hay quien ha dicho que lo que demuestra la propuesta es precisamente que Netanyahu se toma las negociaciones en serio, y aspira a llegar a un acuerdo que vaya más allá de la cuestión meramente táctica de reparto de territorios. Lo que estaría poniendo sobre la mesa el primer ministro es el reconocimiento definitivo de la legitimidad histórica del pueblo judío al territorio de Israel. Desde esta perspectiva, la propuesta va al fondo de la cuestión que se ventila en las negociaciones.

El Medio, 13-01-14