Elogio del pacto

Durante mucho tiempo la democracia española ha carecido de un asidero claro en la idea de nación. Ha habido elementos que permitían la convivencia y mantenían el edificio en pie: la Constitución, la Monarquía, el recuerdo de la Transición y, claro está, la sociedad española: su naturaleza, su historia, su cultura. Aun así, no había articulación ente esta y la política, reducida a una serie de reglas generales, abstractas: una especie de laicismo nacional. La deriva del nacionalismo catalán, que en buena medida es una consecuencia de esta situación excepcional en las democracias liberales, empieza a permitir cambiar las cosas.

 

El primer paso lo ha dado Mariano Rajoy con su iniciativa para liderar, como él mismo ha dicho, la respuesta al separatismo. Aquí se trata de hablar, de hablar incansablemente, de estar en Cataluña, de escuchar lo que todo el mundo tiene que decir, en particular esa parte de la opinión pública catalana que, sin ser independentista ni nacionalista, tiene la impresión de que sus ideas y su forma de ver las cosas no han sido tenidas en cuenta. El segundo paso, derivado de este y que Albert Rivera ha hecho explícito es lo que ha llamado el “pacto por España”.

Suena un poco ampuloso, porque hemos perdido la costumbre de dar contenido a las formas políticas. También se ha dicho que ese pacto ya está firmado y que se llama Constitución. Es cierto… en parte. Ahora se trata de ir más allá y dar contenido a esa misma realidad política. El nuevo momento coincide con la salida de la crisis, el cambio en la Corona, el desafío independentista y el desgaste de los agentes políticos tradicionales por problemas como la corrupción. Este nuevo momento requiere la normalización política de lo que es normal en la calle. Ha llegado la hora de que la idea nacional, y con ella conceptos como el de patriotismo o lealtad nacional, dejen de estar apartados de lo público. Quien mantenga esta propuesta con firmeza y sin aspavientos, con la normalidad democrática y europea que le corresponde, tendrá ganado un trecho importante para las elecciones legislativas. El PSOE, perdido en sus maquiavélicas ensoñaciones postnacionales, lo tiene muy difícil. El PP haría bien en no dejar esta carta en manos de los demás. Parece que Mariano Rajoy se ha dado cuenta. No se trata de arriesgarse a movilizaciones imprudentes. Se trata de responder a una demanda explícita y legítima.

La Razón, 03-11-15