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El asesor cultural en la empresa. Por Teresa González López-Cotelo

Teresa González López-Cotelo, Madrid, 1991

 

Internacionalista a caballo entre el mundo de la empresa y las humanidades.  Master in Management por la UC3M y graduada en Relaciones Internacionales y Traducción por la Universidad Pontificia Comillas. Co-autora junto con Graciano González R. Arnaiz del libro “El Asesor Cultural en la Empresa”  (Dykinson, Madrid 2015). Ha trabajado en distintos sectores que abarcan desde la consultoría internacional hasta la investigación de mercados, pasando también por el departamento de Knowledge Management de un despacho de abogados. Apasionada por los viajes y la diversidad cultural, el mundo de la moda y las manualidades. Perfil profesional: https://es.linkedin.com/in/teresagonzalezlopez. Otra forma de conocerme: http://www.levo.com/teresa-gonzalez-lopez-otelo#.Vycw7T3QVDA.link.

 

Afirmar que vivimos en un mundo globalizado no supone ninguna novedad. Viajar fuera de las fronteras nacionales es cada vez más común y aun sin movernos de casa podemos contactar con personas y empresas de casi cualquier parte del mundo. Las multinacionales cuentan con equipos globales y no resulta extraño que cada vez más PYMEs vean su futuro en la internacionalización.

 

Sin embargo, las cosas no son tan fáciles como pueden parecer a priori. Hacer negocios con personas de diferentes culturas o trabajar como expatriado en otro país, pueden suponer un escollo si obviamos el hecho de que la globalización no supone necesariamente una homogenización de los valores, de las actitudes frente al trabajo o de los estilos de negociación, por poner algunos ejemplos.

Como muchos hemos podido vivir en nuestras propias carnes, no es lo mismo trabajar con un nórdico que con una italiana. No es lo mismo hacer negocios en México que intentar entrar en el mercado chino. Como tampoco es igual tratar con un alemán que con un indio o un estadounidense.

Vivir ajenos a estas diferencias puede ser causa de malentendidos, negociaciones fallidas o puede llevar a trabajadores expatriados a volverse a casa antes de tiempo porque no han logrado encajar bien con la cultura del país de destino, o simplemente porque con sus formas de trabajar no logran cumplir la misión para la que fueron enviados.

Quienes se han enfrentado a este tipo de situaciones suelen reconocer que habría sido más fácil si hubiesen contado con unos conocimientos previos sobre comunicación intercultural o si hubiesen conocido las fases por las que iban a pasar en el proceso de adaptación a la cultura de destino.

Por eso, y como forma de ayudar a las empresas y a sus trabajadores a desenvolverse en un entorno internacional y sacar el mayor provecho posible a la globalización, proponemos la creación de la figura de “asesor cultural”. En nuestro libro El asesor cultural en la empresa (Ed. Dykinson, 2015) definimos al asesor cultural como aquella persona perteneciente o no a la empresa que, al contrario que los intérpretes, no estaría sujeta al principio de neutralidad.* Trabajaría para la empresa ayudándola a conseguir una ventaja competitiva que le permitiría tener un trato más eficiente con clientes y socios internacionales al objeto de facilitar las negociaciones y los proyectos conjuntos.

 

Asesor cultural en la empresa

 

En este sentido, tareas propias del “asesor cultural” serían, entre otras:

  • Proporcionar pautas de lectura para saber qué conviene tratar en una reunión con personas de otras culturas y cuándo es el momento oportuno de tratar determinados temas;
  • Proponer estrategias que se deben utilizar para ganarse la confianza de la otra parte;
  • Dar a conocer cómo se puede aproximar uno a la cultura con la que interacciona para prevenir enfrentamientos derivados de diferencias culturales,
  • O, ayudar a evitar interpretaciones incorrectas de signos culturales que tienen una enorme importancia a la hora, por ejemplo, de firmar nuevos contratos.

Estamos convencidos de que en este momento de fuerte expansión de las empresas españolas en el contexto internacional, esta novedosa figura del “asesor cultural” puede y debe ser un referente importante que una cultura empresarial sensible, moralmente hablando, no puede dejar de lado por una cuestión de responsabilidad.

 

* El principio de neutralidad sostiene que el intérprete debe ser un mero canal comunicativo entre dos partes que les permita dialogar como si no existiesen barreras lingüísticas. Según esta visión el intérprete no debe intervenir en la comunicación y sería algo similar a un fantasma (Alexieva, 1997).

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JOSÉ MARÍA MARCO

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