Elogio de Mariano Rajoy

De Mariano Rajoy se pueden criticar muchas cosas. Se puede no estar muy conforme con el nuevo Partido Popular, entre frívolo y tecnocrático, que ha venido a sustituir al de las grandes figuras políticas de antaño. Se le puede reprochar que ha dejado perder el centro y que al hacerlo el Partido Popular, que sigue siendo el instrumento clave para construir una política nacional en nuestro país, ha cambiado de naturaleza. Habrá quien piense que el ritmo de las reformas ha sido demasiado pausado y otros que digan que el Estado debía (o debe) tener más presencia en las Comunidades Autónomas, en particular en aquellas con veleidades identitarias nacionalistas.

 

También son defendibles posiciones contrarias, que vengan a elogiar lo mucho y muy importante que Mariano Rajoy y su gobierno han hecho en sus cuatro años de mandato, desde sortear el rescate que nos había llevado a una nueva crisis nacional hasta propiciar un crecimiento del 3,5% en 2015 y un ritmo de creación de empleo como nunca se había visto.

Todo eso, sin embargo, los elogios e incluso las críticas, palidecen ante la comparación de Mariano Rajoy con sus adversarios. Rajoy no puede competir con la juventud de ninguno de los demás líderes, pero sólo en ciertos momentos (y siempre los peores) la juventud es un valor apreciado en política. Además, estos meses de interinidad han hecho perder la virginidad a los políticos jóvenes. Pedro Sánchez ha demostrado un sectarismo, una inmadurez y una falta de autoridad como se había visto pocas veces: es la encarnación de lo peor del PSOE. Pablo Iglesias refleja muy exactamente lo que es su organización: egocentrismo, ignorancia, zafiedad. Con él vamos de cabeza a la ruina y los que peor lo van a pasar son aquellos que se han querido dejar engañar por su apariencia tan artificiosamente juvenil. Albert Rivera, finalmente, es un hombre más desarrollado, pero no ha sido capaz de romper el cascarón que lo encierra en un grupo cuya vocación principal es encabezar unas elites más pendientes de ellas mismas y de la imagen que proyectan que de cualquier otra cosa. Así que con estos rivales, Mariano Rajoy se antoja un prodigio. La discreción, la sorna, la disposición permanente a negociar… Todo eso es lo propio de un adulto, de una persona responsable y prudente. La verdad es que no hay cualidades más atractivas en un político. En estas y en muchas otras circunstancias.

La Razón, 22-04-16