¡Suscríbete y recibirás nuestra Newsletter: 'Los viernes de Marco'!
 

Irak. Ilusiones destrozadas

George Packer. La puerta de los asesinos, Barcelona, Debate, 2016, 591 págs.

De George Packer se publicó hace poco tiempo en castellano El desmoronamiento, una novela coral sobre su país Estados Unidos. Aquella era una obra de ficción pegada a la realidad norteamericana. Ahora se publica La puerta de los asesinos una obra de 2006, sin rastro de ficción. El epígrafe de la edición española aclara el asunto: Historia de la Guerra de Irak. La segunda, claro, aunque no deja de haber referencias a la primera, la que llevó a una coalición liderada por Estados Unidos a liberar a Kuwait y luego a dejar intacto el poder de Sadam Hussein.

 

Con el título de La puerta de los asesinos el autor no sugiere ningún comentario acerca de los invasores de Irak. Es el nombre que los soldados norteamericanos dieron al arco que daba entrada a la Zona Verde de Bagdad. Será un escenario recurrente en el libro, como lo es el monumento de los dos brazos armados con sendos alfanjes, levantado por Sadam Hussein y recordados por todos los que vivieron aquellos años. También lo serán algunos personajes, por ejemplo, Kanan Makiya, el idealista iraquí exiliado, firme partidario de la intervención norteamericana.

En un tema tan envenado como este de la segunda Guerra de Irak, uno de los elementos más valiosos de La puerta de los asesinos es el eclecticismo de su autor. Packer se definió en aquellos años como un partidario progresista (no liberal, como traduce le libro con demasiada frecuencia) de la intervención. Después del 11-S, había razones de seguridad nacional para justificar la invasión. Además de las brutalidades infligidas a los iraquíes, Sadam Hussein era un elemento desestabilizador en la región. Había también la oportunidad de remodelar el escenario de la zona apuntalando algo parecido a un régimen civilizado en un país estratégico. Se contaba además con una población más modernizada y secularizada, con el apoyo de los kurdos y también con el de los chiítas.

A partir de ahí, La puerta de los asesinos es la historia de una desilusión. Packer dedica los primeros capítulos a los orígenes ideológicos de la guerra. Se centra –de forma abstracta y anecdótica al mismo tiempo- en el grupo de los neoconservadores, que proporcionaron al Bush el armazón ideológico que justificaría la intervención. Y cuenta de primera mano, a modo de reportaje, los movimientos en los círculos de los exiliados iraquíes en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Esto último, lleno de simpatía por del trágico destino de miles de personas perseguidas por Sadam Hussein, es de lo mejor del libro. Aquí va emergiendo la historia de Kanan Makiya.

Lo que viene luego es la invasión, culminada con tanto éxito que por un momento pareció dar la razón a sus promotores. Packer no se complace en estos días, que pronto dejaron paso a lo que constituye el núcleo del libro. Es la narración del deterioro de la situación iraquí. Casi olvidada la tentación ensayística y argumentativa, Packer va relatando sus encuentros y sus experiencias en Irak: Bagdad, sobre todo –aunque con una preferencia comprensible por el ambiente menos tóxico de Kirkuk-, la Zona Verde, donde se irán atrincherando los norteamericanos, y sobre todo la vida de los propios iraquíes, que ven cómo sus esperanzas de mejora naufragan ante la insurgencia, bestial desde el primer momento, así como por la improvisación y la falta de medios de quienes en poco tiempo pasan a ser vistos como los ocupantes. Hay escenas y personajes inolvidables, como las escenas en el tristísimo zoo de Bagdad, o las protagonizadas por los iraquíes que confiaron en el poder, la determinación y la eficacia de Estados Unidos.

La puerta de los asesinos fue publicada en 2006 y se cierra con la ominosa sensación de que Irak se encaminaba hacia la guerra civil. La situación cambió un año después, cuando la administración Bush decidió por fin dotar al ejército norteamericano de los medios y los contingentes necesarios. El daño, sin embargo, era irreparable. Vino luego la retirada y la aparición del ISIS, que estas páginas ayudan a entender. Como el libro de Packer está tan próximo a los acontecimientos que relata, no queda claro si el autor achaca la responsabilidad a la arrogancia de la camarilla neoconservadora o a la desastrosa ilusión de que a Estados Unidos le bastaba con derrocar a Sadam Hussein para dejar instaurado en Irak, país desdichado donde los haya, una democracia. Queda el regusto infinitamente amargo de una ilusión traicionada por la incompetencia y la ideología.

 

El autor

George Packer es un periodista norteamericano, colaborador habitual de la revista The New Yorker. Ha escrito varias novelas, entre ellas El desmoronamiento, publicada en España en 2015. También es autor de obras de teatro.

Ideal para

Quienes quieran conocer de primera mano los primeros tiempos de la intervención norteamericana en Irak, cuando todavía no había cuajado la insurgencia, los norteamericanos creían en su misión y los iraquíes vivían lo ocurrido con cierta esperanza.

Un defecto

La excesiva simplificación en cuanto al papel de los neoconservadores, que parecen obsesionados con mentir, y la confusa asignación de responsabilidades.

Una virtud

La sinceridad del autor y su falta de prejuicios ideológicos. El buen pulso narrativo en muchas de las escenas relatadas.

Tres lecturas

Paul Woodward, Plan de ataque. Cómo se decidió invadir Irak, 2004. Robert Kagan y William Kristol, Peligros presentes. Soluciones de la administración Busch ante una civilización amenazada, 2005. Richard A. Clarke, Contra todos los enemigos. La lucha antiterrorista de Estados Unidos vista desde dentro, 2004

Puntuación: 8

 

La Razón, 28-04-16

0Te gusta
JOSÉ MARÍA MARCO

Sed mattis eget mattis et, sem, Praesent ut leo. venenatis,