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Gabriel Albiac. La sinagoga vacía

Gabriel Albiac, La sinagoga vacía. Un estudio de las fuentes marranas del espinosismo (2ª ed.). Madrid, Tecnos, 2013

Gabriel Albiac, Sumisiones voluntarias. La invención del sujeto político: De Maquiavelo a Spinoza. Ed. de Alberto Mira Almodóvar, Madrid, Tecnos, 2011

El año en el que Gabriel Albiac publicó la primera edición de La sinagoga vacía, en 1987, el conocimiento del criptojudaísmo español y portugués –el “marranismo”- era menor de lo que lo es hoy en día. Y aunque se había explorado la relación entre el pensamiento de Spinoza y la mentalidad atormentada de los criptojudíos, no se había escrito un estudio que pusiera el asunto en su perspectiva auténtica. Albiac pudo utilizar las aportaciones de Menéndez Pelayo, de Julio Caro Baroja y el clásico de Cecil Roth sobre los “marranos”, así como los trabajos más concretos y profundos de Israël S. Révah y Henry Méchoulan o los del propio Révah, de Carolina Michaelis de Vasconcelos y el de Yosef Hasin Yerushalmi sobre Da Costa e Isaac Cardoso. La sinagoga vacía reunió todo este material, y con una investigación propia, procedió a una evaluación de lo que la filosofía spinozista debía a una tradición hispánica. Como es natural, la relación de Spinoza con el judaísmo siempre ha sido objeto de debate intenso, e incluso apasionado, pero en lo que aquí nos afecta Albiac logró una síntesis, desde la perspectiva española, acerca del núcleo más atormentado y radical de la comunidad sefardí en Amsterdam, la ciudad del libre mercado y el libre pensamiento, en particular Juan de Prado, Uriel (o Gabriel) da Costa y Spinoza.

 

Tanto como este significado de orden histórico, La sinagoga vacía tenía otro, referido esta vez a la investigación filosófica sobre Spinoza y al papel que esta estaba destinada a tener en la evolución de algunas corrientes de pensamiento, filosófico y político, a partir de los años setenta. Efectivamente, el inmanentismo de Spinoza y su desarrollo en la ética y en la política ya habían empezado a ser revisitadas por entonces con el fin de argumentar líneas de pensamiento que retomaran una visión radical del materialismo capaz de continuar, desde dentro y sin rupturas, el que había ido proponiendo el marxismo. Quien esto firma recuerda las clases de Gilles Deleuze en los barracones instalados en pleno bosque de Vincennes, los martes a una hora temprana, como una experiencia casi perfectamente spinozista. Parecía que la exaltación de la vida –algo siempre un poco sospechoso- que Deleuze encontraba plasmada en Spinoza (véase Spinoza. Philosophie pratique) cobrara un sentido claro y bueno en la luminosidad de la mañana recién estrenada. Quien esto firma sospecha también que Albiac tuvo una experiencia menos dichosa, o menos inocente, del spinozismo. Y es que fue Louis Althusser, en este caso en la también parisina rue d’Ulm, quien parece haber abierto una vía que con el tiempo estaba llamada a convertirse en uno de los asuntos centrales de la vida intelectual y política de su discípulo. La sinagoga vacía, dedicada a Althusser en su primera edición (con una frase muy significativa), refrendaba este hecho.

Hace poco tiempo se ha publicado la segunda edición de la obra y, como es lógico, se han producido algunos cambios importantes. Albiac, sin reescribirla, ha incluido mucho de lo que desde entonces ha salido a la luz sobre el criptojudaísmo. Particularmente importante era el descubrimiento en 1993 de la obra hasta entonces perdida de Uriel da Costa, el Exame das tradiçoes phariseas. El propio Albiac publicó en su día la edición española del Exemplar Humanae Vitae (Espejo de una vida humana), el escrito apologético que Da Costa redactó justo antes de suicidarse tras su segunda reconciliación con la comunidad judía de Amsterdam.

Lo publicado desde entonces no ha venido a contradecir –al revés- una de las líneas argumentales de La sinagoga vacía. El desarraigo, el disimulo y la impostura vividas por los criptojudíos les proporcionó la experiencia del carácter imaginario de cualquier identidad subjetiva. Y esa convicción es la que nutre el núcleo mismo del pensamiento spinozista, aquel que toma conciencia de la necesidad de emancipar el pensamiento –también la ética, y la política con ella- de cualquier trascendencia, de cualquier finalidad. En esta línea se ha desarrollado luego una parte importante de la investigación sobre Spinoza, por ejemplo el trabajo de su más moderno biógrafo, Steven Nadler, o los estudios publicados en el volumen colectivo The New Spinoza (entre ellos uno del propio Albiac).

Casi al mismo tiempo que la nueva edición de La sinagoga vacía ha aparecido un nuevo libro de su autor, titulado Sumisiones voluntarias. Editado por Alberto Mira Almodóvar, consiste en la transcripción del curso impartido por Albiac en su cátedra de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense entre febrero y mayo de 2005. Con una Universidad dedicada en buena medida a la enseñanza profesional y a la divulgación de conocimientos y habilidades básicas, el género de la transcripción de un curso se ha convertido en una rareza. Permitía, como lo ha hecho esta vez, asistir a la formulación –primera o sistemática- de un pensamiento. En el caso de Albiac, nos permite comprobar hasta qué punto el autor y profesor ha permanecido fiel a las ideas que llevaron al alumbramiento de La sinagoga vacía.

La contribución de Albiac al nuevo spinozismo, que en España, por otra parte, ha sido muy rico, ha consistido en continuar los planteamientos que le abrió Althusser (aún más que Deleuze: la dedicatoria subsiste, de hecho). Así como Althusser pensó la historia como un proceso sin sujeto ni fin(es), el filósofo de Ámsterdam, con su afirmación fundamental acerca sobre la naturaleza de Dios, se convierte en uno de los fundadores del materialismo. Spinoza forma parte de la línea “maldita” iniciada por Maquiavelo y continuada por Marx y, en algún momento al menos, por Lenin. La misma que permitirá más tarde sortear los escollos del socialismo real o, por decirlo de otra manera, de una forma del comunismo que tendría, para la propuesta comunista auténtica, la misma dimensión pequeño burguesa que en su día tuvo el “humanismo comunista” para la teoría althusseriana o el revisionismo socialdemócrata para el núcleo diamantino del marxismo leninismo. Los últimos treinta años del siglo XX fueron los de la derrota de todos los sueños revolucionarios y el triunfo de lo que Albiac, en paralelo a Antonio Negri, otro de los grandes cultivadores de esta línea del spinozismo, llama la “relación capital”, es decir la victoria del capitalismo. Desde esta perspectiva, la voluntad de seguir siendo lo que se es, por parte del autor de La sinagoga vacía, resulta admirable.

Las nuevas lecturas de la Ética de Spinoza, del Tratado teológico político –el “libro forjado en el infierno”- y del inacabado Tratado político, con su propuesta democrática radical, permiten asegurarnos que sigue existiendo una última trinchera. Los que la habitan no desencadenarán un nuevo ciclo revolucionario, pero están empeñados en ofrecer una alternativa a la condición presente, en el que el cumplimiento de la promesa de la libertad disimula apenas el sometimiento insoluble que se resuelve en lo que el propio Albiac ha llamado, echando mano de una terminología marxista, el triunfo de la “la subsunción real”. Desde esa trinchera, y puestos bajo la advocación del filósofo cauteloso y oculto, como los “marranos” o criptojudíos, queda la exploración –intelectual, se entiende-, del “comunismo del futuro”.

Cuadernos de Pensamiento Político, nº 41. Enero 2014

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JOSÉ MARÍA MARCO

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