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El mito Giner

Alicia Delibes sobre Santos Juliá y “Francisco Giner de los Ríos. Pedagogía y poder

Libertad Digital, 26-02-02

Cuando apareció la biografía de José María Marco sobre Francisco Giner de los Ríos pensé que podían ocurrir dos cosas: una, que el gran monopolio cultural de la progresía, que tiene canonizado a Giner y no admite crítica alguna sobre su vida o sobre su obra, callara, hiciera como si el libro de Marco no existiera y simplemente lo ignorara; otra posibilidad era que alguno de los adoradores de Giner, dominado por la indignación de que alguien osara públicamente criticar al maestro, se lanzara sobre Marco con la cólera con la que Santos Juliá lo ha hizo el sábado en las páginas literarias del diario El País.

 

Resultaría un tanto ridículo entrar en la discusión de si Giner era vago o trabajador, egoísta o generoso, aprovechado o desinteresado, o si sus relaciones personales estaban dominadas más por el ansia de poder y por una encubierta homosexualidad que por el cariño y la entrega. Lo interesante no es el personaje Giner, sino lo que ha supuesto para cierta intelectualidad española el mito Giner. Lo verdaderamente asombroso es que noventa años después de la muerte del fundador de la Institución Libre de Enseñanza no se admita sobre él crítica alguna. Lo chocante es que pedagogos, educadores, pensadores y demás intelectuales o pseudointelectuales, desde la progresía antifranquista criada en los años sesenta hasta la más rancia derecha de los noventa, cierren filas en torno a un personaje del que no existen razón alguna para pensar que fuera indiscutible.

La idea que se puede sacar de Giner después de leer el libro de Marco no es la de un ser pervertido, inmoral o peligroso. Diga lo que diga Santos Juliá, aparece sencillamente como un tipo más bien mediocre, oportunista y, eso sí, con gran talento para las relaciones sociales. Precisamente es esta mediocridad la que resulta inaceptable para los infinitos adoradores de Giner, ya que es difícil de justificar la veneración a un sabio santo que resulta ser un simple mortal con una vulgar inteligencia y de una normal honestidad.

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JOSÉ MARÍA MARCO

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