Epifanía. El rey de los judíos

Los tres magos llegan a Belén desde Oriente, seguramente de Babilonia. Cierran así el ciclo abierto por Abraham cuando salió de su tierra para cumplir el mandato, o la promesa del Señor. Los magos no son judíos, pero conocen las antiguas profecías acerca de la llegada del Mesías y han sabido observar –leer, como se dice ahora- lo que la naturaleza, en la forma de una estrella, les ha anunciado. La razón, el saber y la naturaleza viajan hacia Belén para inclinarse ante el Señor. Le rinden el homenaje debido a los reyes: oro, incienso y mirra.

 

La tradición les ha conferido también a ellos el título de reyes. El poder político, por tanto, acude al anuncio de lo que está a punto de suceder en una ciudad de Judea, la misma de la que salió David, el segundo rey de Israel. Herodes interpreta a su modo el anuncio que le hacen los magos cuando le hablan del “rey de los judíos”. Si David se enfrentó a Saúl, Herodes cortará de raíz la amenaza. Así desencadena la matanza de los niños menores de dos años y la huida de la familia santa hasta Egipto, tierra tradicional de asilo para los refugiados de la región. El “rey de los judíos” huye de su tierra, la Tierra Prometida, como antes lo hizo el patriarca Jacob junto con sus doce hijos.

A diferencia de Herodes y de otros poderosos de muchos otros lugares y tiempos muy distintos, los reyes magos no ven en el recién nacido una amenaza. Tampoco le piden que les infunda algo de su autoridad. Vienen a reconocer un poder capaz de dar sentido al mundo como ellos saben que no lo podrán hacer nunca (por algo son magos, es decir, sabios). Un poder superior por tanto, aunque de un orden distinto, el del Dios encarnado en el Hijo del hombre que trae una forma nueva de ser humano.

La tradición cristiana celebra en la fiesta de la Epifanía el anuncio de la llegada de Dios a todos. Todos se incorporan a la tradición de Israel y por eso mismo la amplían y, al darle una dimensión nueva, cumplen de raíz su sentido primero. Melchor, Gaspar y Baltasar son figuras de lo universal, sin distinción de ninguna clase como no sea aquellas que nos ponen en la pista, tan bien interpretada por la tradición, de las diversas edades, los diversos continentes, los diversos pueblos y religiones: el principio de la humanidad en camino (en procesión) hacia su realización. El “rey de los judíos” acaba de cambiar la naturaleza de la Alianza: el pueblo elegido, reconocido como tal en la figura de María, da a luz un nuevo reino.

Así como Mateo el evangelista cargó la escena del sentido profético venido de las Sagradas Escrituras, en el texto también hay otras profecías sobre el destino que le estaba reservado al recién nacido. Será con mirra como Nicodemo embalsame el cuerpo de Cristo, y en la cruz clavarán, por mandato de un romano, un letrero con la expresión “Rey de los judíos”, como los reyes magos llamaron al Niño. Seguimos en el camino de entender el significado de estas palabras.

Ilustración: Marc Chagall, Crucifixión blanca, 1933