Sila. La juventud de un dictador

Álvaro Pavón, Sila. El origen del dictador, Plaza y Janés, 2026, 453 págs.
En la historia De Roma, pocas figuras resultan tan fascinantes como Lucio Cornelio Sila. Vivió los últimos tiempos de la República y cambió el rumbo de la historia con su implacable dictadura de entre 82 y 79 a. C. Uno de sus biógrafos lo llamó “el último republicano”, y fascinó a la posteridad por su condición de noble desclasado, por su empeño en restaurar las instituciones romanas, y por su salida voluntaria del poder cuando era el hombre más respetado y temido de Roma.
Nos llega ahora, de la mano de Álvaro Pavón, el primer volumen de lo que promete ser una gran trilogía novelesca dedicada al romano. Álvaro Pavón es hombre apasionado por la Antigüedad, que conoce de primera mano gracias a sus trabajos académicos. También le interesa la política, y se nota. En este primer volumen, se centra en la juventud de su protagonista. Perdidas las Memorias que escribió de esos años nos quedan pocos datos: desheredado por su vida indecorosa, aficionado al teatro, enamorado del joven Metrobio y declarado heredero de sus bienes por la cortesana Nicópolis, gracias a lo cual reivindicó el puesto que le correspondía. Además del color de oro de su cabello, al decir de Plutarco.
El autor saca todo el partido a estos destellos fragmentarios, y elabora un magnífico retrato de este hombre cerebral y apasionado: un romano de cuerpo entero, de los de la República pero sin moralismos. A él se unen las intrigas de otros dos grandes: el famoso Cayo Mario, plebeyo, su rival, que ha tenido mejor prensa que Sila, y Marco Emilio Escauro, otro patricio desclasado, político realista tras el que parece hablar el autor. Los tres empiezan a conformar una fina tipología política, que sin duda se desarrollará más adelante, y de la que, por lo visto aquí, habrá mucho que aprender. Juntos, protagonizan una acción rápida y absorbente, contada en escenas fulgurantes, que nos deja en el umbral de la carrera política del protagonista. Justo cuando Sila se dispone a iniciarla para reivindicarse, vengarse de las humillaciones recibidas y, también, por amor: por amor a su perdido, como en una novela bizantina, y guapo Metrobio.
La Razón, 06-26

