¡Suscríbete y recibirás nuestra Newsletter: 'Los viernes de Marco'!
 

Santa Maria della Consolazione, Sant’Andrea al Quirinale. Por Sergio Perdiguer

Un primer vistazo a las dos plantas que se nos presentan podrían hacernos pensar en una disparidad nada más que formal entre ellas, e incluso en eso tendrían en común las formas curvas: la primera dilatada y la segunda más pura, pero ambas con un espacio central (pseudo) curvilíneo con capillas adosadas en su perímetro. Nada más lejos de un análisis mínimamente reflexivo.

 

Admitiendo las citadas coincidencias tipológicas e incluso morfológicas, se sobrepone la impresión general tan diferente que ambos edificios causan en el espectador.

El caso de arriba se trata de Santa Maria della Consolazione en Todi y el de abajo Sant’Andrea al Quirinale, en Roma. Cronológicamente les separan exactamente 150 años: la de Todi se comenzó en 1508 y la de Roma en 1658, con el consiguiente cambio de estilo y de mentalidad que se había producido en Europa.

El momento en que Bramante (1443-1514) idea este templo centralizado sobre una colina en la región de Perugia coincide con lo que los académicos encuadran como Renacimiento puro, y el resultado viene a ser la quintaesencia de los ideales renacentistas: armonía, proporción y geometría pura. La autoría del templo la disputa con uno de sus sucesores al frente de las obras: Copa di Caparola.

Un núcleo perfectamente cuadrado con un círculo inscrito en él y cuatro exedras semicirculares que no actúan como capillas sino como accesos al templo (solo una de las cuatro tiene la función de ábside). Sin duda esta planta transmite la serenidad y la quietud propia de los proyectos religiosos de Bramante. Al mismo tiempo, la disposición bisimétrica de los elementos y su homogeneidad exterior la convierten en un elemento hierático, admirable, pero que no invita a entrar ni a experimentar el espacio.

Todo lo contrario fue lo que tenía planeado Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) para su iglesia de Sant’Andrea al Quirinale. La elección de la elipse y su disposición paralela a la entrada invitan de por sí a entrar, puesto que rápidamente se llega al culmen de la obra (el centro de la planta). El eje transversal de esta elipse describe una sucesión de elementos que atraen al espectador. Desde el exterior, unos muros cóncavos se abren para abrazar a quien se acerque y conducirle al pronaos convexo que contrasta mucho y crea fuertes impresiones en quien lo experimenta. Estas alcanzan su cénit cuando se llega al interior y rápidamente se siente en el centro de un espacio convexo que te envuelve. Esta sucesión ideada por el arquitecto contrasta con la concepción bramantesca de un hito en la colina, inaccesible por muchas puertas que se le practiquen.

No conocemos las intenciones exactas de ambos artistas. Además, Santa Maria della Consolazione fue terminada casi un siglo después de la muerte de Bramante y no están datadas con exactitud las modificaciones. Tampoco es ortodoxo comparar edificios tan distantes en el tiempo y en la mentalidad. En cualquier caso, si hiciéramos el ejercicio de poner las dos bajo el mismo rasero y consideráramos el momento en que coincidieron cronológicamente (finales siglo XVII), sin duda el efecto de congregación de fieles y fomento del misticismo y de la fe habría sido muy desigual.

Esto se debe a que el efecto de perímetro permeable con foco en el centro no se ha conseguido en la iglesia de Copa di Caparola al ser las aperturas minúsculas y sustituir una de ellas por un ábside. Tampoco ayuda el escaso planeamiento y urbanización del entorno de la iglesia. Por el contrario, Bernini en Sant’Andrea sí que consigue su objetivo sencillo, sensitivo y dramático de generar emociones con el acceso axial que plantea.

Es destacable que dada la ingente duración de las obras de San Pedro, tanto Bramante como Bernini trabajaron en su momento como arquitectos jefe e imprimieran su sello en el Vaticano.

4Me gusta
JOSÉ MARÍA MARCO

pulvinar suscipit Phasellus accumsan Praesent tempus luctus libero. vel, sed et, Aenean