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Arquitectura (12). Biblioteca Sainte-Geneviève, Casa Tassel. Por Sergio Perdiguer

El origen de estas dos imágenes es muy parecido. La motivación que tenían los dos arquitectos de estos edificios coincidía: un afán por lo novedoso, por rejuvenecer la arquitectura y dotarla de un lenguaje que fuera propio del siglo XIX. La imagen de arriba muestra la sala de lectura de la biblioteca Sainte-Geneviève, construida en el ecuador del siglo, cuando ya se hacían notar cambios que acabarían definiendo el lapso entre el fin del Neoclasicismo y la invención del lenguaje moderno. Debajo, un simple rellano de escalera perteneciente a la Casa Tassel, en Bruselas, revela como ningún otro espacio el espíritu rupturista que caracterizó el final del siglo XIX.

 

El primer caso es la viva imagen de la contradicción: entre la fascinación que produce lo nuevo y el miedo que supone dejar definitivamente atrás el pasado. El arquitecto, Henri Labrouste, está catalogado en partes iguales como un discípulo valiente de la École des Arts y como un traidor a los principios académicos franceses. Tal vez fuera desde un principio o tal vez en oleadas sucesivas, la cuestión es que al componer los elementos que delimitarían el espacio, Labrouste elige algunos tan antagónicos que cuesta clasificar el resultado. Comúnmente se le denomina eclecticismo. Y no es para menos: el resultado final es una mezcla entre las arcadas romanas y las naves románicas, por lo que podríamos considerarlo neorrenacentista, pero no podemos obviar la presencia de esa estructura genialmente integrada «fabricada» con hierro fundido. Tal vez quisiera representar con su obra una estación de trenes y con ella el viaje entre la artesanía y la industria, lo clásico y lo moderno, la arquitectura y la ingeniería.

 

12.2 - Casa Tassel

 

La siguiente imagen se describe en una sola palabra: seducción. Sean cuales fueren los recursos empleados para conseguirla, el resultado es sublime. Pocas imágenes de la historia arquitectónica se nos han quedado grabadas como este plano de la escalera de la Casa Tassel de Victor Horta. Posiblemente la clave sea la increíble novedad que supone su lenguaje arquitectónico. Esta ya no es una estación de trenes que parten a la modernidad. Con esta casa se inaugura oficialmente el estilo Art Nouveau, y con él, la arquitectura moderna. Entre la variante geométrica e industrial y la naturalista y alegre obviamente este distribuidor corresponde a la segunda. Utiliza igualmente el hierro, pero con la intención no de ser un alarde estructural como sucedía en Sainte-Geneviève o en St Pancras. Aquí el hierro es fuente de una creatividad sin límites y por tanto, de una libertad sin límites.

Analicemos los elementos: en la biblioteca los que sostienen las bóvedas son unas columnas jónicas de hierro fundido (ortodoxas en la forma pero rupturistas en el material), mientras que la de la casa se parece más a un tallo que brota del suelo. El secular arco de medio punto (omnipresente en la primera) no tendría cabida en un espacio tan original como el distribuidor de Horta. Tampoco nadie intentaría introducir en él un módulo de repetición rítmico de una determinada pieza.

Los rasgos que comparten las dos estancias son el interés por la luz y por el espacio libre, aunque uno los utilice para aportar claridad y el otro para sugerir e incluso confundir.

También tienen en común el dialogo que existe entre los materiales tradicionales y el moderno hierro fundido. No está claro cuál de los dos embellecía al otro ni qué estética era la pobre: la piedra o el hierro.

Hubo quien dijo que Labrouste tenía más de ingeniero que de arquitecto. En realidad era un genio de la Arquitectura, capaz de combinar imágenes tan distantes y distintas como la biblioteca del Trinity College de Cambridge, la iglesia en honor a Malasteta o la de una estación de ferrocarril.

Por el contrario, nadie dudó nunca del talento artístico de Horta, capaz de introducir por primera vez el hierro en la vivienda y tratarlo con una plasticidad y una sensibilidad en la curva tales que desde entonces su vocabulario se conoce como líneas látigo o líneas Horta. Liberado de cualquier módulo, así como de la autoimposición del uso de los nuevos materiales para generar estructuras ambiciosas, por fin un arquitecto es totalmente dueño de sus creaciones.

Sea como fuere, ambos dieron pasos decisivos en la liberación de la arquitectura de su pesada inercia historicista.

 

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JOSÉ MARÍA MARCO

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