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Arquitectura (11). Saltaire y el Falansterio de Fourier. Por Sergio Perdiguer

La diferencia formal obvia no debe distraernos del diferente concepto que subyacía en estos dos proyectos decimonónicos. Cronológicamente les separa sólo una década (ambos en torno a 1850), pero su grado de realismo y realidad los alejan inevitablemente.

 

Comencemos por aquellos aspectos que tienen en común: en primer lugar, la idea de megaedificación o miniciudad que pretendían los arquitectos. Su objetivo era agrupar en un conjunto más o menos aislado del resto de la civilización todos los servicios necesarios para la vida humana, así como elevar la calidad de esta en un momento en el que las condiciones de la clase trabajadora eran deplorables, en parte, como consecuencia de la Revolución Industrial.

Prácticamente aquí terminan sus coincidencias: la imagen de arriba se parece al plano de un pequeño municipio, mientras que la de abajo se ve como un bloque, vertebrado, pero único y demasiado uniforme. Esta diferencia, por supuesto, no es solo morfológica, puesto que esconde detrás un concepto de la convivencia entre personas. Para el promotor de la primera imagen, Titus Salt, el fin era elevar la salubridad y comodidad de las viviendas y proporcionar servicios comunes a sus trabajadores; mientras que para el segundo, Charles Fourier, esto era sólo una parte del proceso de colectivización vital que llevaría a la felicidad al ser humano.

Titus Salt, empresario textil de éxito, decidió en la década de 1840 diseñar una planta de producción totalmente nueva en la orilla del río Aire, en Bertford, cerca de York. Su plan era proporcionar a los empleados viviendas dignas y cercanas a la fábrica para mejorar la productividad y el nivel de vida de todos. Se involucró tanto en el proyecto que se mudó ahí y le dio su nombre: Saltaire. El resultado es un extenso poblado-dormitorio: 800 viviendas ordenadas ortogonalmente y jerarquizadas en calidad y espacio según el rango en la empresa de los habitantes.  El barrio dispone de multitud de servicios que utilizaban los trabajadores y sus familias. Entre ellos destaca el teatro, el Victoria Hall, famoso en su época por sus dimensiones y su intensa actividad (su capacidad era de mil personas). Además de una escuela, un instituto y un hospital, Saltaire ofrecía servicios financieros (banco) y religiosos (iglesia), cocinas y lavanderías comunitarias e incluso una residencia para empleados retirados. Todo esto lo rodeaban grandes parques y jardines, y estaba separado de la fábrica textil (se dice que la mayor del momento) por las vías del tren que la proveían de materias primas.

 

11.2 Falansterio

Charles Fourier, sin embargo, quiso modificar el concepto de vida de los hipotéticos habitantes de su edificio-colonia. Hasta tal punto, que sustituyó la institución familiar, que durante siglos había sido la unidad social por excelencia, por unidades llamadas falanges, compuestas por seis o siete personas afines profesionalmente (por ejemplo, de una misma profesión o rango). De ahí toma el nombre su proyecto: Falansterio. En 1846 construyó un simulacro de falansterio en Monmouth County (EEUU), pero quedó abandonado dos años después. Su gran sueño era un edificio como el que aquí se presenta, curiosamente parecido en su forma al Palacio de Versalles. Tal vez reflejara el afán por controlarlo todo, ya que la disposición planeada incluía alas diferenciadas para los niños, separados de sus padres y educados por representantes de la comunidad.

En el edificio todo estaba compartimentado, pero a la vez las partes estaban interconectadas. En los extremos, los grandes templos de la música y las artes, y en el centro un torreón científico albergaba adelantos como el telégrafo, la sala de mediciones y un observatorio. Todo el perímetro que conforma los patios interiores albergaba los espacios residenciales. En él, las plantas eran estancas. Una se destinaba a invitados, otra a espacios privados de adultos, otras a salas de reunión, otra a niños…y al mismo tiempo, túneles en planta calle y pasarelas sobreelevadas conseguían la interconexión entre todos los miembros de la comunidad.

El primer proyecto conservaba la estructura social mientras apostaba por la industria como sector económico mientras que el segundo cambiaba radicalmente la organización de las personas pero continuaba apostando por una economía eminentemente agrícola. La otra diferencia clave es el grado de conexión con los habitantes. Fourier imaginaba personajes estándar que cumplieran roles mientras que Salt conocía a los obreros de su fábrica que iban a habitar Saltaire.

El tiempo demostró cuál de los proyectos se hacía realidad y cuál quedaba catalogado dentro del socialismo utópico: Fourier buscó patrocinadores en todo el mundo (el zar, el Congreso de Estados Unidos, Napoleón III…) sin éxito y su Falansterio para 1.600 personas nunca llegó a realizarse. La fábrica de Salt, sin embargo, siguió creciendo y creando empleo hasta mucho después de su fallecimiento y hoy en día la arquitectura permanece intacta.

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JOSÉ MARÍA MARCO

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