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Arquitectura (10). Paxton, Viollet-Le Duc. Por Sergio Perdiguer

A primera vista podría afirmarse que la comparativa planteada resulta obvia: arriba, la modernidad y el futurismo representados por una megaestructura de cristal y hierro. Debajo, por el contrario, una sórdida imagen traída de un pasado gótico difícil de precisar.

10-2---viollet-le-duc---Gran-sala

Para matizar esta primera impresión se encuentran multitud de argumentos consistentes.

La historia de la arquitectura nos explica que la evolución hasta lo que hoy consideramos moderno no es continua ni lineal. Pero en este caso no es contradictorio que el edificio de arriba se terminara de construir antes siquiera que se formalizara idea motivadora del edificio de abajo. Se trata del gigantesco Crystal Palace, inaugurado con motivo de la primera Exposición Universal celebrada en Londres en 1851 y de la nunca construida Sala para 3000 personas, publicada en un ensayo arquitectónico en 1873.

El Crystal Palace, obra del veterano arquitecto de jardines Joseph Paxton, fue sin duda un hito en el avance de la tecnología constructiva, pero al mismo tiempo, y sin quererlo ni ser consciente de ello, Paxton incluyó en su proyecto múltiples inercias medievales que aún debían ser superadas.

La vanguardia que suponía es más que evidente: la repetición infinita de placas de vidrio y vigas de hierro permitieron cerrar un espacio rectangular de 130 por casi 600 metros. En ello se emplearon las mayores láminas de cristal jamás fabricadas y en una cantidad nunca vista: el cristalero entregó a tiempo un cuarto de millón de piezas similares que apoyarían sobre las 3.300 columnas de hierro que aportaron los herreros.

Sin embargo, el edificio no consigue librarse de la herencia gótica inglesa y se apoya en un sistema de paños de iglesia con varias naves longitudinal y dos cruceros. Además, y sin constituir un valor estructural extra, se hace del arco de medio punto en hierro (en sí una contradicción) el elemento generador del espacio cubierto por bóvedas de cañón ferro-vítreas. El conjunto, una masa alargada, descentrada, baja y escalonada, bien recuerda a una catedral más que a un museo.

La sala para 3000 personas fue imaginada por el arquitecto y restaurador de catedrales Viollet-Le Duc como expresión de sus ideales -como mínimo- premodernos. Hay quien piensa incluso que la unión del pasado y del futuro que consigue es de una tremenda modernidad. En este interior se nos muestra un espacio aparentemente medievalizante que se encuadra en lo que él denominaba Renacer gótico. Este Renacer no consiste en absoluto en la repetición mimética de los elementos formales ni de sus tipologías habituales. Para él lo esencial era extraer la dinámica espacio-estructural del siglo XIII y utilizar para conseguirla los nuevos materiales y técnicas constructivas propias del XIX. Lo que había practicado en sus polémicas restauraciones de catedrales góticas (Laon, Notre Dame de Paris) lo hace más evidente en esta sala. Los muros son de piedra por sus cualidades de estabilidad y permanencia, pero la estructura de vigas diagonales de hierro que sostienen la imaginativa bóveda era algo inaudito. Precisamente ese nuevo y original método de abovedamiento basado en el triángulo equilátero (base de la estructura cristalina de la materia) es la marca inequívoca de su modernidad.

Viollet Le Duc no tuvo oportunidad de hacer realidad este proyecto, lo que en parte impidió que demostrara a sus críticos su absoluta racionalidad. Muchos vieron en esta imagen un espacio cerrado y extraño, sobre todo si se compara con la transparencia y la claridad del Crystal Palace.

Pero en el siglo XIX, tiempo de contradicciones y matices, muchas veces fue de la complejidad de donde nació la genialidad y muchos de los edificios que alumbró el siglo están abiertos a múltiples interpretaciones. Hay quien compara el gran invernadero de Paxton con la Catedral de la Era Industrial. Incluso esa metáfora se entiende de dos formas:

 

10-3 - Plano del Crystal Palace

 

Compositivamente, tanto la planta (sobre todo con la adición del segundo crucero al reerigir la estructura en 1852) como el volumen general recuerdan demasiado a catedrales como la de Salisbury.

 

10-4 - Catedral de Salisbury

 

Conceptualmente, es cierto que esta construcción supuso para la mentalidad de quien lo vio, en la mitad del XIX, una gran dosis de fe. Fe en la nueva era, en los adelantos de la Revolución Industrial (que parecían ilimitados). Para ellos el Palacio de Cristal de Paxton supuso lo mismo que la catedral de Amiens en el medievo, la cúpula de Brunelleschi en los primeros momentos del Renacimiento o que San Pedro durante el Alto y Renacimiento y el Barroco.

Lo que es seguro es que ninguno de estos dos edificios, al igual que la inmensa mayoría hasta 1900, logró dejar atrás por completo la ingente herencia arquitectónica de Europa.

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JOSÉ MARÍA MARCO

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