El Quijote es una obra traducida. Lo cuenta Cervantes quien, deambulando por Toledo, tropezó con unos papeles que resultaron ser la versión aljamiada (escrita en caracteres arábigos) de la novela que había extraviado. Ahora se presenta en la Biblioteca Nacional (Española, la de Madrid) una exposición titulada “Memoria de los moriscos”. Es una exposición erudita, montada con elegancia y sencillez. Permite contemplar, entre otras joyas, el único Corán antiguo que se conserva traducido al español, de 1606, posterior a otras traducciones que en nuestro país se hicieron del texto sagrado al latín.
La decisión de trasladar el Museo del Ejército del antiguo Palacio del Buen Retiro al Alcázar de Toledo, fue, en parte, una decisión inducida por ese provincianismo, tan español, que consiste en fiarse de los consejos de historiadores hispanistas extranjeros, en este caso John Elliott, que –sin merma de su valía profesional, su amor a España y su inmenso saber- se dejan mecer de vez en cuando por los sueños de reconstruir un país imaginario, a la medida de sus fantasías académicas. El coste en energías, en dinero, en esfuerzo y en problemas de todas clases, ha sido gigantesco, sin duda desmesurado, pero una vez realizado, como por fin está a punto de serlo después de diez años de trabajos, habrá que darlo por bueno.
En el partido de fútbol de esta tarde se enfrentan dos grandes equipos, y eso es, naturalmente, lo más importante. En vista de la evolución de la situación europea, cabe hacer además algunas reflexiones que añadirán un poco de sal al choque. Después de varios años de avances políticos y sociales que nos convirtieron en un modelo en todo el mundo, nuestro país atraviesa ahora en una crisis grave. Nos encontramos entre los países fuertemente endeudados, con problemas de productividad, altas tasas de paro y, por si fuera poco, un embrollo institucional nada fácil de desenredar. Ya no somos la Europa pobre –ninguna parte de Europa lo es- pero sí que necesitamos hacer un esfuerzo mayor… que está a nuestro alcance.
A mediados del siglo XVIII, el Padre Isla, jesuita, escribió una gran novela a medias picaresca a medias reformadora. Uno de los personajes es un maestro que tiene una teoría pedagógica. “Mientras fue escribiente del notario de San Millán –escribe el Padre Isla-, había notado en varios procesos que se decía así: ‘cuarto testigo examinado, María Gavilán; octavo testigo examinado, Sebastiana Palomo’. Esto le chocaba infinitamente, porque decía que si los hombres eran testigos, las mujeres se habían de llamar testigas, pues lo contrario era confundir los sexos, y parecía romance de vizcaíno.
Uno de los lugares comunes más cursados de nuestra democracia es que la Transición cerró las heridas de la Guerra Civil y abrió una etapa nueva basada en la reconciliación entre españoles. Al llegar al poder, Rodríguez Zapatero, habría reabierto las heridas y lanzado una ofensiva guerracivilista por motivos ideológicos y electorales. Es una fábula hermosa, que sin duda recoge algunos aspectos de la historia reciente, pero no todos ni mucho menos.
En Semana Santa, tradición y actualidad combinan bien. Aunque las cosas han cambiado mucho, hay costumbres que han sobrevivido y siguen siendo atractivas. En Madrid, como en todas las ciudades españolas, siguen igual de concurridos, por ejemplo, los oficios de Jueves Santo. Incluso acude más gente, porque muchos madrileños de origen hispanoamericano se han sumado a estas devociones. También se sigue haciendo la visita a los monumentos donde se expone el Santísimo y los fieles continúan rezando ante ellos.
Una de las cosas agradables de esta vida es pasar las vacaciones de Semana Santa en casa. Se evitan los agobios de las carreteras y los veraneantes a destiempo. En Madrid suele hacer un tiempo primaveral, fresco, luminoso, con rachas de viento y nubes cargadas que pasan rápidas, cambian la luz a cada instante y alguna vez dejan un chaparrón. A veces se ponen pesadas y estropean las procesiones. Por ahora, afortunadamente, no ha sido así.
Una exposición en Madrid recuerda ahora la obra y la figura de Carlos Berlanga, compositor, fundador con Olvido Gara Jova del grupo “Alaska y los Pegamoides”, autor de canciones célebres, como “Bailando”, excelente dibujante e ilustrador. Fue sin duda uno de los protagonistas de la llamada “movida madrileña”. Muchas veces se ha intentado relacionar la “movida madrileña” con la explosión de vitalidad propia de una sociedad y una ciudad que se libraban por fin de la losa de la dictadura franquista. En realidad, los protagonistas de la “movida” apenas habían (podría decir habíamos) conocido el franquismo, ni les interesaba.
Los países, como las personas, incurren en olvidos y lapsus. En la larga historia de España hay algunos muy llamativos. En el siglo XVI vivió Ginés de Sepúlveda, un alto funcionario al servicio de Carlos V. Sepúlveda defendió el derecho de la Corona española a conquistar América. Se le opuso fray Bartolomé de las Casas, que proclamaba los derechos de los indios. Ganó fray Bartolomé, las obras de Sepúlveda fueron condenadas por la Inquisición y su nombre quedó borrado de la historia de nuestro país. Más adelante, Ramiro de Maeztu inventó el concepto la Hispanidad y trabajó por la continuidad histórica y la regeneración de la sociedad española. Lo mataron en Aravaca, cerca de Madrid, y su obra, reivindicada durante un tiempo en tiempos de Franco, ha caído en algo muy similar al olvido.
Hace unos días me encontré por la calle a un amigo profesor. Acaba de salir de una clase preparatoria del nuevo curso y andaba un poco excitado. Me contó su última teoría. (Es un hombre ocurrente.) Hasta entonces estaba convencido que los mayores enemigos de la civilización occidental eran los pedagogos, pero esa misma tarde acababa de darse cuenta que aún peor es la alianza de pedagogos e informáticos. Al fin y al cabo, los primeros tardaron casi trescientos años, desde Rousseau, en destrozar las instituciones educativas. A los segundos, en cambio, les ha bastado con treinta. Combinadas, las fuerzas de ambos tendrán efectos más letales para Occidente que Atila, Gengis Khan y los islamistas juntos.