Portada » Cultura » Ralf Dahrendorf. El lord liberal
Hay algo que cabe retener del filósofo, sociólogo y político Ralf Dahrendorf: su sensibilidad ante la complejidad. Habrá quien se empeñe en hacer de Dahrendorf un pensador de la armonía y del diálogo. No lo ha sido nunca. Curiosamente, este hombre a caballo entre dos países, entre dos culturas, entre dos lenguas y entre dos formas de vivir, se ha negado siempre a pensar la modernidad, es decir la democracia, como un sistema para resolver los conflictos. Al revés, la verdadera democracia es para él en régimen de instituciones que permite a los conflictos expresarse. La clave por tanto, está en la diversidad y en la gestión de los conflictos inevitables. No por medio del artificio del diálogo, sino mediante instituciones que canalicen esos mismos conflictos sin falsificar su naturaleza ni la identidad de los protagonistas.
En eso reside el liberalismo de este hombre que supo desde su juventud lo que era el totalitarismo. Los nazis arrestaron a su padre, lo arrestaron a él (lo soltaron en 1945 con un documento de las SS según el cual le estaba prohibido estudiar en una escuela alemana), y luego su padre, socialdemócrata, se enfrentó a los comunistas que ocupaban lo que se convirtió, con una ironía que subrayó varias veces a lo largo de su vida, la República Democrática Alemana.
Jamás olvidaría esa experiencia. Dahrendorf había nacido en Hamburgo, una de esas
Ciudades Libres alemanas que habían mantenido una larga relación y más que eso, una afinidad intensa con la mentalidad y la sociedad anglosajona. Así que una vez doctorado en Filosofía, se fue a Londres, donde descubrió la sociología en la London School of Economics. Más tarde llegaría a ser director de esa misma institución, adoptaría la nacionalidad británica y llegaría a ser miembro de la Cámara de los Lores, aunque nunca abandonó del todo su amor por su patria alemana, a la que volvió a residir y a trabajar.
Es verdad que Dahrendorf no fue partidario del liberalismo a lo Reagan o a lo Thatcher. Le parecieron demasiado inhumanos y darvinistas. Dahrendorf es un neo liberal en el sentido menos común del término: no aceptaba el liberalismo clásico. Pero tampoco se adhirió nunca a idearios socialdemócratas, donde un puñado de personas, aunque sean elegidos, se erige en guardianes de los intereses de la colectividad y sustituyen a los individuos en la toma de decisiones. La democracia para Dahrendorf no puede nunca servir para suplantar la responsabilidad de las personas, de los auténticos agentes sociales. Al contrario, debe garantizar las oportunidades. La libertad, en consecuencia.
Si se olvida esto, suele decir Dahrendorf, volveremos a padecer la experiencia totalitaria que tan caro costó. Lo mismo ocurre con la idea de Europa. Dahrendorf tiene fama de ser uno de los grandes pensadores del proyecto de Unión Europea. Pero lo es insistiendo siempre en la importancia y la vigencia de las naciones, de esas naciones Estado sin las cuales, según ha explicado muchas veces, no se concibe la democracia ni aquello que la sustenta, que es la diversidad y el conflicto. Siempre que se escuche hablar de él como un defensor del multilateralismo, conviene recordar su respeto y su interés por los principios de la identidad nacional. No se llega a ser miembro de la Cámara de los Lores por casualidad.
Dahrendorf, conocido por su obra ensayística y académica, también ha conocido la política práctica. Y también aquí, se ha negado a cualquier simplificación. Ajeno por completo a cualquier sistema idealista o idealizador, a lo Hegel o a lo Platón, siempre mantuvo que la acción política y la reflexión intelectual no tienen ni los mismos objetivos ni responden a las mismas necesidades. Nada más lejos de Dahrendorf que el idealista que proyecta un mundo mejor basado en un designio racionalizador. Habrá quien recurra a su nombre para justificar la Europa de los burócratas, ajena a la democracia. No le hagan caso. Dahrendorf, con todo su aspecto de hombre razonable y sensato, no se ha sentido nunca a gusto en los pasillos de las organizaciones que impiden la libertad.